lunes, 12 de marzo de 2012

LA PREEMINENCIA DE CRISTO


Directo del cielo descendió a la tierra
amando al mundo que le aborreció
dejó su gloria, la áurea esfera;
do solo alabanzas se le prodigó.

Oh, Hijo amado del Padre eterno
a su posición El no se aferró
vistióse de barro, cubrióse de heno
de su magnificiencia El se desprendió.

Y forma de hombre, el verbo eterno
el dador de la vida, por amor eligió
viviendo en el mundo retó al averno
y sobre el pecado, invicto, vivió.

Amó a los pobres, sanó al enfermo
y el Evangelio glorioso nos dio
El trajo la vida, derrocó el averno
y aún a la muerte, glorioso, venció.

Sufrió la agonía del cruel tormento
y sobre la cruz mi paz El compró
derramó su vida en mudo lamento
y al mismo infierno, El lo despojó.

Subiendo a lo alto, llevó ante el Padre
a los que durmieron en su expectación
sentóse a su diestra gloriosa y afable
donde El reina sobre su creación.

Oh, yo te adoro, bendito y amado
todopoderoso, cordero y león
Aquel que vencistes y te has coronado
y que has recibido plena exaltación.

Jesucristo glorioso, Señor de Señores
el Rey de los Reyes, tan lleno de honor
de un nombre poderoso, pleno de loores
del Padre por siempre, serás poseedor.


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